Son las 2 de la tarde, el sol cae a plomo, la sed es intensa, todo mundo busca la sombra, ahí a un lado de la gasolinera de la prolongación de la Av. Reforma y el puente de Esteban de Antuñano, se encuentra tirado, con la cadera destrozada, con mucho dolor, con sed y hambre, con angustia y miedo, a la vez por no poderse mover. Dicen que que tiene mas de 5 días que fue atropellado, gracias a Dios siempre (casi siempre) aparecen almas de buen corazón, personas que se cooperan para cubrir la pequeña cuota de recuperación que pedimos para poder cubrir los gastos de gasolina, sedantes, sueldo de empleados y doctores que colaboran con nosotros, sin contar los medicamentos que se utilizan en estos casos.
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